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Date of release: 06 January, 2014 (Enero 6, 2014)

Menopause issues in Nigeria

Africa, except for a few areas, such as South Africa or the African Mediterranean countries, is usually missing from international medical forums or conferences that discuss menopause-related issues. For many of us, Africa is still an enigma although one may speculate that the problems surrounding the climacterium are similar to those elsewhere in the world. A study from the city of Enugu, Nigeria, sheds some light on knowledge of postmenopausal hormone therapy (PHT) in women who attended a local university hospital gynecology clinic [1]. In short, the knowledge and perception of PHT among women of South-East Nigeria were found to be poor and related to the level of education. A total of 432 women were randomly selected for the survey, out of which 168 (39%) had knowledge of PHT and only 48 (11%) had taken it in the past. Currently, none was using PHT despite experiencing menopausal symptoms. The majority of women perceived climacteric symptoms as part of the aging process.

Problemas de la menopausia en Nigeria

África, a excepción de algunas áreas, tales como Sudáfrica o los países mediterráneos africanos, generalmente no goza de foros médicos internacionales o de conferencias que traten temas relacionados con la menopausia. Para la mayoría de nosotros, África sigue siendo un enigma, aunque se puede especular que los problemas vinculados al climaterio son similares a los de otras partes del mundo. Un estudio de la ciudad de Enugu, Nigeria, nos da nueva información acerca de la terapia hormonal postmenopáusica (THP) en mujeres que acudieron a la consulta ginecológica del hospital universitario local [1]. En resumen, el conocimiento y percepción sobre THP en mujeres del sudeste de Nigeria es pobre y relacionado al nivel de educación. Un total de 432 mujeres fueron seleccionadas al azar para el estudio, de las cuales 168 (39%) tenían conocimiento sobre THP y sólo 48 (11%) la habían tomado en el pasado. En la actualidad, ninguna está tomando THP a pesar de que experimentan síntomas de la menopausia. La mayoría de las mujeres piensan que los síntomas climatéricos son inherentes al proceso de envejecimiento.

Comment

Since the above study appeared in a local journal that cannot be accessed through the internet, I could only read its small Abstract in PubMed. But then I realized that the same investigators had published another report on the same cohort in 2011, in a journal which is open for free downloading [2]. The women's age was 45–60 years, all living in the city of Enuglu, and recruited while attending a gynecology clinic. This of course points at a clear, potential selection bias, and the results cannot be extrapolated to rural Nigeria or to other populations. For example, 61% of the women had a university education, and an additional 17% were teachers or had graduated from a secondary school. The participants filled a self-administered pre-tested questionnaire, which was designed to cover background details, menstrual history, climacteric symptoms and the general health of the women. Based on cohort characteristics, it was not surprising to find that 86% of the cohort wrote that they had knowledge of menopause, whereas the few illiterate ones had never heard or recognized menopause and climacteric symptoms; rather, they took it as part of their life. The source of information was more from friends/mothers (42%), and least from churches (22%). Interestingly, women were cautious in their comments in regard to their husbands' attitude to menopause-related issues: 33% said their husbands sympathized with them, but 8% revealed that their husbands were indifferent to their problems. A little more than half of the women admitted that they had sought some type of medical treatment, including a visit to gynecology clinics (22%), other medical clinics (11%), native doctor/sorcerer (3%), priests (3%) and some just used self-prayers (14%).
 
Another study from the city of Benin in Nigeria demonstrates the diversity in core data within the same country [3]. Postmenopausal women were approached independently at home and in their places of work and requested to complete a prepared questionnaire (n = 533). To ensure that all the social classes were involved, women in their homes, offices and markets were randomly selected for interview. The age range was 47–78 (mean 57 ± 6) years. About 67% of the women had heard of the word menopause and correctly described it as permanent cessation of menstrual bleeding. Most of them first came into contact with the word menopause from books (24%) and through discussion with friends and co-workers (21%). Freedom from monthly bleeding was cited by 51% of the responders as the major benefit of the menopause. Adjustment to menopause was regarded as 'very well' by 77% of the cohort, yet 65% revealed that menopause affected their sex life and that they are no longer sexually active. Only 7.3% of the women, all of whom had a post-secondary school level of education, were aware of PHT. None of the women studied were on/ever had actual hormone treatment. Similar trends were recorded in an earlier study from the University College Hospital, Ibadan, Nigeria [4]. The investigators interviewed 676 postmenopausal women, who filled a structured questionnaire. The majority of the women had a positive attitude to the menopause and indicated that it did not affect their relationships with their spouses or children. For most of the women (71%), sexual life ended with menopause. None of the women was on PHT.
 
Nigeria probably represents the situation prevailing in other black African countries, where a large proportion of the population is poor, lives out of the major cities, and has limited access to modern medicine. A small survey from Ghana asked a simple, basic question: how women in low-resource settings manage menopausal symptoms without PHT [5]. The study showed that the majority of the women used a combination of non-hormonal medications and complementary and alternative medicine, including dietary modifications, exercise, and other lifestyle changes to effectively manage menopausal symptoms. Sources of information about menopause influenced participants' perceptions, attitudes, and self-management choices. It seems that exposure to good-quality information on menopause is pivotal but not available in many places, and therefore, educational projects must receive there a high priority. Perhaps the International Menopause Society should try to make contacts with interested parties in Africa and promote knowledge on all aspect of menopause wherever needed.

Comentario

Dado que el estudio mencionado arriba apareció en una revista local que no da acceso a través de Internet, sólo pude leer su pequeño resumen en PubMed. Pero luego me di cuenta de que los mismos investigadores habían publicado otro informe con la misma cohorte en el 2011, en una revista con descarga gratuita [2]. La edad de las mujeres fue de 45-60 años, todas viviendo en la ciudad de Enugu, y obligadas a asistir a una consulta ginecológica. Esto por supuesto señala claramente un potencial sesgo de selección, y los resultados no se pueden extrapolar a zonas rurales de Nigeria u otras poblaciones. Por ejemplo, el 61% de las mujeres tenía una educación universitaria, y un 17% adicional eran profesoras o se habían graduado de la secundaria. Las participantes llenaron un cuestionario auto-administrado (previamente validado), diseñado para recabar detalles sobre sus antecedentes, historia menstrual, síntomas climatéricos y su salud general. Basado en las características de la cohorte, no nos sorprendió encontrar que el 86% de la muestra tenía conocimiento acerca de la menopausia, mientras que unas cuantas personas analfabetas dijeron nunca haber oído o reconocido sobre la menopausia y sus síntomas; más bien, lo tomaron como parte de su vida. La fuente de información provenía más de amigas/madres (42%), y menos de las iglesias (22%). Curiosamente, las mujeres fueron cautelosas en sus comentarios con respecto a la actitud de sus maridos sobre los problemas relacionados a la menopausia: un 33% dijo que sus maridos se solidarizan con ellas, pero el 8% reveló que sus maridos eran indiferentes a sus problemas. Un poco más de la mitad de las mujeres admitieron haber buscado algún tipo de tratamiento médico, incluyendo una visita a las clínicas ginecológicas (22%), otras clínicas médicas (11%), curanderos (3%), sacerdotes (3%) y otras solo rezaban (14%).

Otro estudio de la ciudad de Benin en Nigeria demuestra la gran diversidad de los datos esenciales dentro del mismo país [3]. Las mujeres posmenopáusicas fueron abordadas de manera independiente en sus hogares y en sus lugares de trabajo, y se les solicitó que completaran un cuestionario preparado (n = 533). Para asegurar que todas las clases sociales estén involucradas, las mujeres en sus hogares, oficinas y mercados fueron seleccionadas al azar para la entrevista. El rango de edad fue de 47 a 78 (media 57 ± 6 años). Alrededor del 67% de las mujeres habían oído hablar de la palabra menopausia y la describieron correctamente como el cese permanente de la menstruación. La mayoría de ellas tuvieron por primera vez contacto con la palabra menopausia por medio de libros (24%) y a través de conversaciones con amigos y compañeros de trabajo (21%). El 51% de las encuestadas dijo que el principal beneficio de la menopausia es la liberación del sangrado mensual. La adaptación a la menopausia fue considerada como 'muy buena' en un 77% de la cohorte, sin embargo, el 65% reveló que la menopausia ha afectado su vida sexual y que ya no son sexualmente activas. Sólo el 7.3% de las mujeres, de las cuales todas tenían un nivel de educación post-secundaria, estaban al tanto de la THP. Ninguna de las mujeres estudiadas estaba/o había usado tratamiento hormonal. Se registraron tendencias similares en un estudio anterior de la University College Hospital, Ibadan, Nigeria [4]. Los investigadores entrevistaron a 676 mujeres posmenopáusicas, que llenaron un cuestionario estructurado. La mayoría de las mujeres tuvieron una actitud positiva respecto a la menopausia, e indicaron que ésta no afectaba sus relaciones con sus cónyuges o hijos. Para la mayoría de las mujeres (71%), su vida sexual terminó con la menopausia. Ninguna de las mujeres estaba usando THP.

Nigeria, más que otros países de raza negra de África, probablemente representa el lugar en la que una alta proporción de la población es pobre, vive fuera de las ciudades principales, y tiene acceso limitado a la medicina moderna. Una pequeña encuesta de Ghana hizo una pregunta simple y básica: ¿cómo es que las mujeres de bajos recursos pueden controlar los síntomas de la menopausia sin THP? [5]. El estudio mostró que la mayoría de las mujeres utiliza una combinación de medicamentos no hormonales y de medicina complementaria y alternativa, incluyendo modificaciones en la dieta, ejercicio y otros cambios de estilo de vida para manejar eficazmente los síntomas de la menopausia. Las fuentes de información sobre la menopausia influyen en su percepción, actitudes y opciones de automanejo de las participantes. Parece que la exposición a información de buena calidad sobre la menopausia es fundamental pero no está disponible en muchos lugares, y por lo tanto, los proyectos educacionales deben ser considerados de alta prioridad. Tal vez la Sociedad Internacional de Menopausia deba tratar de hacer contactos con las partes interesadas en África y promover el conocimiento de todos los aspectos de la menopausia donde sea que sea necesario.

Amos Pines


Sackler School of Medicine, Tel-Aviv University, Tel-Aviv, Israel



    References

  1. Okeke TC, Akogu SP, Ekwuazi KE, Ezenyeaku CC, Ikeako LC. A survey of womens knowledge and perception of hormone replacement therapy (HRT) in Enugu, South East Nigeria. Niger J Med 2013;22:332-5.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24283095

  2. Ikeme A, Okeke TC, Akogu S, Chinwuba N. Knowledge and perception of menopause and climacteric symptoms among a population of women in Enugu, South East Nigeria. Ann Med Health Sci Res 2011;1:31-6


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23209952

  3. Ande AB, Omu OP, Ande OO, Olagbuji NB. Features and perceptions of menopausal women in Benin City, Nigeria. Ann Afr Med 2011;10:300-4.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22064257

  4. Adekunle AO, Fawole AO, Okunlola MA. Perceptions and attitudes of Nigerian women about the menopause. J Obstet Gynaecol 2000;20:525-9.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15512643

  5. Odiari EA, Chambers AN. Perceptions, attitudes, and self-management of natural menopausal symptoms in Ghanaian women. Health Care Women Int 2012;33:560-74.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22577742


El siguiente comentario es una traducción de una contribución original en Inglés enviada a los miembros el Marzo 18, 2013. La traducción ha sido gentilmente efectuada por el

Dr Peter Chedraui

El yoga es beneficioso para los síntomas menopáusicos?

Recientemente, Holger y colegas [1] revisaron ensayos aleatorios controlados sobre los efectos del yoga (posturas, respiración y meditación) sobre síntomas psicológicos, somáticos, vasomotores y urogenitales relacionados con la menopausia. Aunque comenzaron con 207 estudios, sólo cinco se incluyeron en el análisis cualitativo – principalmente los de Europa y la India – y tres de ellos tenían un alto riesgo de sesgo [2-4]. Uno de los dos estudios con un bajo riesgo de sesgo [5,6] no se incluyó en el meta-análisis. Los tipos de prácticas de yoga, la frecuencia de las sesiones y la duración del seguimiento varió entre los estudios. Los resultados medidos fueron la mayoría en el corto plazo, es decir, 8 semanas, con sólo un ensayo aleatorio y controlado midiendo los resultados a las 20 semanas. No se encontraron efectos estadísticamente significativos del yoga sobre los síntomas menopáusicos, excepto para los síntomas psicológicos, donde se encontró un moderado beneficio a corto plazo; sin embargo, incluso eso desapareció cuando se realizaron los análisis de subgrupos (yoga frente al control y el yoga versus ejercicio). Los autores reconocieron que sus conclusiones difirieron de las conclusiones de revisiones sistemáticas previas donde se mostró que el yoga tuvo beneficios moderados para los síntomas psicológicos y vasomotores. Ellos atribuyen esta diferencia a solo incluir ensayos controlados aleatorios y nuevos estudios.

Comentario

En esta revisión, la generalización fue hacia las poblaciones más occidentales. El yoga es una tradición oriental asiática que se originó en la India hace más de 4000 años y se ha ido convirtiendo en una práctica aceptada [7], de tal manera que pueden haberse omitido datos valiosos procedentes de otros países. La discusión en el documento sobre el sesgo en los estudios – reclutamiento a través de la publicidad, el sesgo de selección, sesgo de información por parte de los participantes, cegamiento inadecuado de los evaluadores de resultado, el sesgo de detección – lleva al lector a cuestionar la eficacia de la evaluación. El yoga parece tener beneficios sin efectos adversos graves; este es un aspecto muy importante a tener en cuenta por parte de las mujeres y sus proveedores de salud, ya que puede limitar los abandonos. Además, los estudios incluidos no tenían seguimiento a largo plazo. Un tratamiento de síntomas psicológicos con medicamentos y técnicas de comportamiento pueden tardar de varios meses a un año para dar resultado; igual parece razonable que una intervención mente-cuerpo como el yoga también podría tomar largo tiempo para mostrar beneficios. Otras limitaciones incluyen la restricción de sólo cuatro idiomas de publicación, y el uso de puntajes compuestos para los síntomas psicológicos en la mayoría de los estudios incluidos. Por lo tanto, variables específicas que mostraron mejoría con las intervenciones de yoga; por ejemplo, no se evaluaron la depresión, la ansiedad o sueño. En los estudios mente-cuerpo dos grandes limitaciones son: la heterogeneidad de la intervención y la imposibilidad aleatorizar a doble ciego, ambos comprometen las validaciones externas e internas de estos estudios. Más aún, los beneficios psicológicos pueden ser el resultado del efecto placebo. Con el fin de medir los verdaderos beneficios se requeriría medir marcadores químicos (por ejemplo, niveles de serotonina y homocisteína) y usar imágenes de resonancia magnética funcional, ambos que encarecen el estudio. Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston han descubierto que la práctica regular del yoga puede aumentar los niveles de ciertas sustancias cerebrales, cuyos bajos niveles están relacionados con la depresión y la ansiedad [8]. En la actualidad, el tratamiento farmacéutico para los trastornos del estado de ánimo eleva los niveles del neurotransmisor ácido gamma amino butírico (GABA). Nuevos hallazgos, que aparecen en el Journal de Medicina Alternativa y Complementaria, sugieren que la ciencia del yoga sea explorada como un posible tratamiento para la depresión y los trastornos de ansiedad asociados con niveles bajos de GABA. Se ha demostrado que la meditación aumenta los niveles de melatonina en plasma y parece que la melatonina mejora notablemente la calidad del sueño. Estudios han demostrado la eficacia del yoga en mejorar los patrones de sueño, lo que sugiere su eficacia en la lucha contra los síntomas de insomnio y otros trastornos del sueño en mujeres postmenopáusicas [9,10]. Entiendo que los estudios de yoga son difíciles de financiar, por lo que es difícil medir la eficacia de grupos más grandes en el largo plazo, especialmente en los países en desarrollo como la India. Sin embargo, para mi sorpresa, al Centro de Cáncer MD Anderson de la Universidad de Texas, recientemente se le ha otorgado con más de $ 4.5 millones para estudiar la eficacia de incorporar el yoga en el programa de tratamiento para las mujeres con cáncer de mama. Esta asignación, la más grande jamás otorgado por el Instituto Nacional del Cáncer para el estudio de yoga en el cáncer, permitirá a los investigadores llevar a cabo un ensayo clínico de fase III en mujeres con cáncer de mama para determinar la mejoría de la función física y la calidad de vida durante y después de tratamiento con radiación. También investigará si tales programas de reducción de estrés resultarán en beneficio de la productividad económica y/o laborar. Cada vez hay más evidencia que sugiere que incluso la práctica a corto plazo del yoga puede disminuir los factores de riesgo psicológicos y fisiológicos de la enfermedad cardiovascular y puede reducir los signos y complicaciones y mejorar el pronóstico de los pacientes con enfermedad clínica o subyacente [11]. Se ha teorizada que el yoga ejerce sus efectos positivos trabajando sobre las vías de las hormonales de estrés y mediante la reducción de la excitación del sistema nervioso simpático. Dado que el estrés y la ansiedad son importantes contribuyentes de los sofocos menopáusicos, el yoga puede ser beneficioso en la reducción de ellos. Un estudio piloto sobre la práctica del yoga integral midió los cambios en la gravedad de los sofocos subjetiva y objetivamente mediante el uso de monitores de conductancia de la piel. Aunque hubo mejoras en las percepciones de las mujeres sobre los sofocos y la calidad del sueño antes y después del estudio, no hubo cambios significativos notados por los monitores de la piel. Pero lo importante era que las mujeres se sintieron mejor como resultado de la práctica de yoga [12]. El yoga también puede mejorar las funciones cognitivas como la memoria remota, el equilibrio mental, la atención y la concentración, la retención verbal inmediata y retardada y la prueba de reconocimiento [13]. Incluso 8 semanas de un enfoque integrado de terapia de yoga, dio un mejor resultado en la reducción de los síntomas climatéricos, estrés percibido y el neuroticismo en las mujeres perimenopáusicas en comparación con la actividad física [14]. No hay duda de que las mujeres menopáusicas tienen dificultades para superar los síntomas de disminución de la autoestima y la imagen propia. El yoga se puede utilizar como una forma de ejercicio para superar este problema [15]. Las prácticas de yoga pueden ser una fuente de distracción de la vida diaria, responsabilidades y demandas, reducir la ansiedad y la depresión, y de ese modo mejorar la autoestima [16]. Múltiples estudios han investigado muchos aspectos del yoga para evaluar los efectos sobre los síntomas de la menopausia, con resultados que van desde el alivio moderado [17] o ningún efecto [18]. Los instrumentos validados para medir la calidad de vida en la menopausia con el yoga también han demostrado efectividad en la medición de los componentes psicológicos. Sin embargo, para obtener los máximos beneficios de salud del yoga, es importante no sólo tener un buen profesor de yoga, sino también poner en práctica la técnica correcta. En conclusión, este estudio es una buena revisión de la eficacia a corto plazo del yoga para aliviar los síntomas psicológicos en mujeres menopáusicas. Dado que muchas mujeres menopáusicas solicitan terapias complementarias en lugar de, o además de, la terapia de reemplazo hormonal, el yoga puede ser recomendado provisionalmente como una intervención complementaria para las mujeres menopáusicas con quejas psicológicas. Sin embargo, se requiere de investigación más rigurosa para dar a conocer los efectos positivos mediante intervenciones con un enfoque integrado del yoga que combine posturas físicas de yoga (asana yoga), técnicas de meditación, respiración yoga y la educación en los principios y la filosofía del yoga. En mi opinión, la práctica del yoga se puede incorporar en el manejo de la menopausia como una intervención de estilo de vida para las mujeres, especialmente aquellas que no quieren la medicalización de la menopausia.

Sunila Khandelwal

Senior Consultant Gynecologist, Fortis Escort Hospital, Jaipur, India

References

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